22 de mayo de 2016

NO ME CALLARÉ

Estoy batiendo todos los records. Ya es la tercera vez que una punta de animales me hace bloquear el Facebook, esta vez por siete días, sin derecho a indulto, sin opción de responder mensajes del chat, sin ni siquiera tener la posibilidad de poner un puto like. Y yo, claro, que insisto e insisto buscando medios alternativos para no estar calladito. Pero se me acumula la hiel, carnales, y ps, mientras más me joden, más cascarrabias me pongo. Más me tienta el darle al viejo oficio de la tecla y, bueno, ahora me volveré blogero. Sí, como lo leen, desde esta cuenta me voy a encargar de seguir generando ideas y, cuando corresponda, mandar a la mierda a quién se merezca. Empezando por esos cochabambinos de escasa masa cerebral que sustituyen dicha deficiencia inyectándose cada mañana mierda de la buena en la cabeza. Por pelotudos se ganaron el primer blog del Yo, Basura. El estrenito, el number one, el de la suerte pues, putos. Así que ahí les va, paisanos, con cariño de mí para todos ellos.

En el último de mis posts, dije que Cochabamba se iba a la mierda con su clima, su gastronomía, su condición de jardín y sus bienes culturales porque los cochabambinos lo habían cagado todo. El post, publicado desde mi cuenta alternativa del Face, tuvo en dos días un alcance de más de ¡40.000 lecturas! 441 likes, 280 compartidas y más de 300 comentarios. Algunos de ellos estaban indignados. decían entre otras memeces que: "en vez de criticar, porqué no haces nada por tu tierra" o "Yo amo a Cochabamba así como está" o "¿Y tú que has hecho cuando trabajabas en la Alcaldía?"-. Bueno pues, cuando estaba en la Alcaldía jodía igualito que ahora, y jodo porque no soy cómplice de la debacle, porque no me voy a quedar como una puta resignada diciendo que amo a mi tierra y aceptando que las autoridades, los comerciantes, los transportistas, los loteadores y los malos vecinos me la metan doblada por el orto mientras yo suspiro de amor por el violador. No lo haré en mi perra vida. ¿Entendieron? O sea que los amadores de su tierra que se sientan a disfrutar del cemento y el polvo, los matones jovenzuelos que hacen cuentas falsas y se dedican a defender a los maleantes que los contratan, los funcionarios públicos que organizan estrategias de bloqueo de mi Face y cualquiera que piense que me voy a callar, pueden literalmente irse a chingar a su puta madre. Plata y miedo nunca tuve, bastardos. Y pienso seguir así.

En cambio, a los buenos cochabambinos, y bolivianos, los que entienden que la disidencia, el desacuerdo, el justo reclamo, la libertad de pensar y la búsqueda de una calidad de vida se encuentra en las manos de quienes tienen el coraje de hablar en voz alta, de sembrar la ironía, de blasfemar contra quien se merezca, a esos carnales les tendré abierto siempre este espacio y todos los que estén a mi alcance para fomentar de una maldita vez una reacción ciudadana ante la politiquería barata, ante el conformismo atrofiado, ante la indiferencia cómplice y ante el cretinismo de los que se creen dueños de la moral, de la razón y de la libertad. Así que, ya ven, tenemos un espacio abierto libre de censura. Que los "valientes" mequetrefes y asnos que les gusta bloquear cuentas se agarren fuerte del catre y alisten la mantequilla en el ano. Van a cojear durante años. Y todo por ser boludos.

Bueno pues, tómese este primer texto como una prueba y como una advertencia. Es muy difícil hacer entender a quien no tiene la gracia divina de la inteligencia que, si algo ha demostrado la historia, es que la censura sólo logra la reacción contraria a lo que persigue. En vez de dialogar, en vez de convocar a debates públicos, en vez de ofenderse y portarse como perrillas amargadas, los censuradores de hoy no hacen más que alimentar el descontento y la decepción. No amedrentan a nadie, no sientan precedente, no atemorizan con su conducta, no hacen sino provocar más risa ante su performance de payasos intentando ser dueños de un circo en ruinas y el público ya no quiere verlos más fungiendo de idiotas autoritarios pero vistiendo los zapatos extra largos que les hacen caminar como patos cagados hasta las suelas. Así no llegaran a nada, opas míos. Entiendan de una vez por todas que no me callaré.


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