17 de junio de 2016

LAS GALLINAS DE BILL GATES




La filantropía de Bill Gates parece no tener límites. Para reducir la pobreza, este noble hombre ofreció a 20 paises, incluido el nuestro, regalar gallinas a la familias famélicas para que a través de la producción de las mismas, éstas puedan superar el hambre y la miseria que les aqueja. Al principio, debo confesar, la noticia me pareció una broma de mal gusto, una especie de macabra excentricidad del magnate que goza con el sufrimiento subdesarrollado. Es ilógico, pensé, pues para qué mierdas puede servir una gallina. Primero que las muy pelotudas no se comen, o si se las come esa experiencia resulta desagradable pues su carne es dura, insípida y maloliente. Segundo, no he sabido que el plumaje de la gallina fuera una fuente de ingresos importante, de hecho no hay ninguna prenda que se promocione bien con el rótulo: "Hecha con pluma de gallina". No tengo constancia alguna de que alguien viva de alquilar gallinas, para qué carajo alguien quisiera alquilar gallinas salvo que sea una especie de fetiche zoofílico, en cuyo caso el público aficionado sería muy reducido y selecto. Es muy sabido que las gallinas no pelean, o sea que no se las puede entrenar con esos fines deportivos. ¿Entonces? ¿Qué haría yo con mis gallinas donadas por Mr. Gates como paliativo a mi pobreza?

Claro, me dije, el truco debe estar en los huevos. Las gallinas no tienen huevos pero los ponen. Investigué concienzudamente el asunto y al parecer una gallina puede poner un huevo por día durante una semana. Eso implica que, si Bill Gates cumple su promesa y me regala 250 gallinas, a la semana podría ser yo el afortunado poseedor de 1750 huevos, lo que en un mes me da la nada deleznable suma de 52.500 huevos, lo que al año significa 630.000 huevitos listos para darme una vida holgada sin hambre ni penurias. Luego me enteré que las muy cabronas gallinas, no ponen huevos todo el año sino que son quisquillosas para elegir épocas cálidas para que sus polluelos vengan al mundo en un ambiente agradable. Ilusas mequetrefes, ellas, ni se enteran que sus criaturitas ni siquiera nacerán pues servirán  como acompañantes del tocino a la hora del desayuno o adornarán un suculento plato de sillpancho. Los comensales de dichos manjares no tendrán en cuenta que esa deliciosa y amarillenta yema que ahora se unta en la fresca marraqueta, podría haber sido un hermoso y tierno pollito que píe cada mañana en la granja llenando de orgullo a su madre. La inútil gallina. Viendo mermada, entonces, mi rústica economía por la porfiada negativa de las gallinas a poner todos los días del año sus putos huevos, deberé esforzarme en ser yo quien -para ahorrar- comercialice en persona mis huevos. Digo, los huevos de la gallina que me ha sido entregada cono regalo. Ya me veo en el mercado ofreciendo a voz en cuello mi producto diciendo frases amables a los potenciales clientes como: "Señor ¿le vendo un huevo?" Y esperando que el otro no sea un avezado linguista que me responda: "¿Y yo que voy hacer con un huevo vendado, ja?", como diría Paulovich.

La otra opción, o combinada, claro, es dedicarse a la venta de carne de pollo. Es increíble ver como esta carne se ha popularizado en el Planeta. Sólo basta darse una concienzuda vuelta por la Ciudad para ver cómo abundan los antros que venden pollos en todas sus formas de cocción posible. Miles de pollerías a cuál mas insana, a cuál más sucia, a cuál más ruidosa, a cuál más impersonal alegran los paseos de nuestra bella Llajta. Eso sin tomar en cuenta la cantidad de boliches de comida rápida a base de pollo y la obsesión cochala de ponerle pollo a cuánta mierda gastronómica pretendamos arruinar. ¿Wistupikus? Hay de pollo. ¿Salteñas? Con pollo. ¿Quiere picante de lengua? Sólo hay de pollo. E incluso hay unos hijos de la granputa que al Pique Macho... le ponen pollo!!! Así que, ante tamaña debilidad gustativa por esa puta ave, hagamos nuestro agosto, vendamos pollo a toda a esta mierda de gente comepollos que no escuchan a su Presidente que ya les advirtió que de seguir tragando ese pernicioso animal, nos vamos a volver todos putos. Lo bueno de eso es que, bajo esas condiciones, podríamos optar tranquilamente a la Vicepresidencia. A criar pollos, entonces. Thank you very much, Bill Gates... And fuck you, mother fucker.

Luego de tamaña reflexión, decidí optar por ser uno de los aspirantes al beneficio de la caridad de Gates y, presto y feliz, me disponía a dormir en paz sabiendo que mi hambre se iba a aplacar en breve, cuando de repente caí en cuenta que, detrás de esta propuesta disfrazada de altruismo, había una trampa siniestra. Claro, porque resulta que para que las gallinas produzcan huevos y estos se conviertan en pollitos listos para el carneo, las gallinas previamente necesitan culear y para dichos menesteres son precisos los siempre libidinosos gallos. Que son carísimos!!!, me cuentan. ¿Y de dónde mierdas voy a sacar gallos, eh? El otro filántropo, Steve Jobs, ya ha muerto y a la competencia japonesa lo único que le interesa en esta vida es criar gatos. Así que, la oferta de gallinas salvadoras del hambre, no es más que una de las tantas falsas promesas y mentiras del imperialismo que nos mantienen en la dependencia a base de sueños e ilusiones. Ese Bill Gates resultó un loquillo. Que mejor se meta sus gallinas en el culo. Pinche cabrón.

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