28 de septiembre de 2016

LA UNIVERSIDAD COJA




Mario Torrico es un compatriota nuestro, cosa que no es ningún mérito, ya sé, pero él. aparte de ser boliviano es destacadísimo profesional que ahora vive en México, es profesor investigador de la FLACSO ( por si no tienen la maldita idea es la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, más prestigiosa que la puta madre) y entre sus méritos profesionales destaca la nada desdeñable estadística de ser el primer extranjero al que contrató alguna vez la Corte Suprema de Justicia en ese hermoso País que fue el de Paz, de Rulfo y de Fuentes. Aunque también fue de Juan Gabriel. Pos, nadie es perfecto.Esta historia de triunfos, sin embargo, tiene un trasfondo más sórdido. Mario se fue de su natal Cochabamba no sólo para buscarse un futuro, para enriquecer sus estudios. Se fue porque le hicieron saber que en esta Ciudad, más específicamente en la Universidad Pública de esta Ciudad, Más concretamente en la Facultad de Derecho de esta Universidad, emblema de esta nuestra tan Ciudad, no había espacio para él. No importaba que hubiera ganado un proceso de titularización, no importaba que lo hubiera ganado limpiamente. Nada de eso importaba un carajo, porque no sólo se manipularon sus notas para que no obtuviera el mínimo de 60 (le pusieron 59.5) sino que cuando declararon desierta la materia en cuestión, los mandamases de entonces le dieron la cátedra al que sacó el tercer puesto, cuyo mérito más notable consistía en su compulsión frenética de besarle el culo a los mandamases de siempre. A Mario, como quien da una limosna, le dieron después un segundo grupo de la materia que había ganado, pero los eternos mandamases le condicionaron su permanencia a la exigencia de que Mario haga campaña por el sujeto al cual los mandamases perpetuos querían encaramar en el poder. Mario quería dar cátedra, pero no a ese precio ni bajo tan pueriles y bastardas condiciones. Mario terminó por mandar a la mierda a la Universidad y a su Ciudad natal, pero sobre todo mandó a la mierda a los mandamases que, dicho sea de paso, siguen siendo los mismos. "Tengo el mejor trabajo del mundo, pero estoy lejos de mi tierra", dice Mario. ¿Y los mandamases? Bueno, ahora al parecer -y ojalá así sea- van a tener que conformarse con ver la realidad a través de las rejas de la prisión. Les cayó la cana, a los muy putos.

Ironía de la vida o justicia poética, no importa, el hecho es que no deja de ser relevante que la corrupción más despiadada, la bajeza humana en su más alto nivel, la criminalidad más básica y más mezquina se haya destapado precisamente en la Facultad que se encarga de enseñar las leyes, la ética y la normativa civilizada. Derecho ha sido el primer eslabón en mostrar su renguera en público, ignominiosamente, de cara a la sociedad. Eso que todos sabían que pasaba entre bambalinas, esos chismes sobre cobros ilegales, esas afirmaciones sobre estructuras de corrupción que recaían desde las más altas esferas e involucraban a docentes y estudiantes por igual, esa prostitución académica que envilecía la docencia, la Universidad, la sociedad misma, esa espantosa realidad oculta de miserias humanas, de servilismo nefasto, de aldeana arrogancia, ese brutal vómito de delincuencia barata, esa segura sospecha de extorsión económica y política, esa fiera impunidad, ese silencio cómplice, ese desdén furioso, todo eso, salió a la luz. Se vino el apocalipsis, se abrió la caja de Pandora, se rompió el séptimo sello de lo que todos sabían que existía pero todos esperaban que se quede ahí, donde estaba: En un lugar invisible de nuestras conciencias. Ahora, el horror recién ha comenzado. Filmado, posteado y viralizado, el vídeo que visibilizó el espanto dio sus frutos. La justicia (y no divina, por cierto) tomó cartas en el asunto y ahora los culpables andan fingiendo locura, alegando fraudes o suplicando lástimas. Están enfermitos, papitos, se descompensó su tuétano, le salieron hemorroides o la gota les subió al prepucio, pobres angelitos. Si la justicia estuviera en mis manos, les mandaba unos tres sodomitas de San Pedro a que les hagan la revisión de la próstata. Pero la justicia es buena, lastimosamente. 

Sin embargo, lo preocupante no es eso. De una u otra manera esa asquerosidad sigue siendo un secreto a voces. Lo terrible sería que esto no sirva para una purga general de toda la Institución. Derecho no es la única Facultad envuelta en esta mugre, y no sólo hablo de cobros indebidos, hablo de las presiones políticas, de los amarres indecentes, de los procesos fraudulentos, de la politiquería nefasta que son, no sólo síntomas, sino ejemplos concretos del estado de gravedad en que se encuentra San Simón. Creo que no hay carrera o facultad que escape a eso, unas menos que otras, sí, pero en la misma mierda todos revolcaos, Discépolo mas o menos así, dixit. La Universidad está coja, y no es metáfora, tal vez sólo maliciosa alusión, pero pendemos del único pie que nos sostiene de la caída al pozo del desastre: La decencia. Debemos tener la decencia de gritar en vez de encubrir, de precipitar la caída monolítica de los mandamases, de sacar nuestra cabeza del agujero del ano y comenzar a proferir a voces el descontento y la indignación. Qué patético me resulta ver a los aliados del rengo caído, vociferar su redención, hablar de manipulación de los medios, buscarle tres pies al gato, tratar de disimular para salvarse o limpiarse la cara. Ni la FUL ni la FUD, amigotes, compañeros de la vida, carnales de los delincuentes en desgracia hasta ahora han mostrado un mínimo de dignidad, más por el contrario, han probado que más allá de las apariencias lo que realmente tienen negra, es el alma y la decencia, haciéndole el juego a los corruptos pues ¿cómo no?, de tal fémur, tal tibia. Si son igualitos y lo sabemos. La pregunta circunstancial, dada la coyuntura, es una sola: ¿Vamos a seguir votando por estos mismos cabrones?  
         
Llegado al esplendor mismo de su crisis, San Simón debe reconstruirse, pero esa reconstrucción debe partir de la palabra. El acomplejado silencio de los tímidos y los temerosos debe romperse ahora. Es parte de la decencia la manifestación del desacuerdo y la invisibilización del miedo. Hay muchísimos colegas, incontables estudiantes, cantidades de administrativos que nunca han sido parte de estos juegos malditos, de estas patéticas orgías de poder y corrupción, `pero tampoco han dicho esta boca es mía, se quedan en su rinconcito protegidos por el anonimato o profiriendo a voz en cuello su inmaculada inocencia y su tic de lavarse las manos al mejor estilo del más famoso de los Prefectos de la vieja Judea. Sería, queridos colegas, amados estudiantes, compañeros administrativos, que por una vez nos saquemos el pulgar del recto y empecemos a denunciar, maldecir y proponer el cese a este aéreo bombardeo de mierda que nos salpica a todos, por más casto y puro que te haya dicho que eres tu mamá y comencemos a caminar en otra dirección. Con rectitud, mierdas, derechitos y orgullosos de lo que somos y de lo que podemos dar. Sino, quien sabe como a miles de profesionales, nos toca esa paradoja de nuestro compatriota Mario Torrico, realizarnos académica y profesionalmente lejos de acá, porque acá los mandamases no nos dejan y, encima, votamos por ellos o les sobamos la espalda o les imploramos favores o simplemente guardamos silencio. Y así andamos, triste San Simón, paso a paso a ningún lado, incapaces de avanzar. Somos la Universidad de la renguera del alma. La Universidad coja.    



3 comentarios:

  1. Creo que añadiría que también está ciega por no ver tanta corrupción.

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  2. Lo mas triste es que por acciòn u omisión todos se convierten en complices... ya que nadie va a cambiar el establishment de corrupción... que es tan conveniente para las roscas...

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