24 de septiembre de 2016

SOY INMORTAL, HIJOS DE PUTA





No importa a quien le toque. Da lo mismo si es artista, autoridad, crítico, periodista o intelectual. Lo cierto es que en nuestro País, y particularmente en Cochabamba, no somos proclives a la crítica. Es más, tenemos intolerancia al ácido, nos gusta sólo la lactosa. La obsesión que tenemos por la felación es de doble ruta pues, los críticos, los periodistas, los colegas, etc., tienen una compulsión visceral para atragantarse de nutrias cada que pueden, con tal de tener aprobación y/o ventajas, pero al mismo tiempo hay una obsesión morbosa por sentir la succión aduladora del próximo prójimo, como diría el cursi de Benedetti. Hay como una especie de pacto sobrentendido entre la fauna local para proporcionarse mutuamente favores linguales, sacudirse mutua y simultáneamente los respectivos badajos, humedecerse hasta el éxtasis el tercer ojo con la lengua ajena. Eso nos relaja, nos sobrecoge, nos quita la inseguridad.

En cambio, cuando nos critican, se nos viene el mundo encima. Y cuando la crítica es pública, nos queremos arrancar los genitales. ¡Oh, qué agravio! "Me dijo que a mi obra le sobraban diálogos. Es un envidioso" ¡Oh no! "Me dijo que mi artículo era frívolo y poco sustentado. No será más mi amigo" ¡Por Júpiter! "Dijo que en materia ambiental, mi gestión dejaba mucho que desear. Reclamaré al director del medio" ¡Pardiez! "Fue irónico y me llamó de imbécil. Lo bloquearé, lo excomulgaré, lo difamaré. ¡Por mi madre que tendré mi venganza!" Semejante comportamiento prostituril, es la moneda corriente en la conducta de hombres y mujeres sometidos a la crítica. La crítica, para ellos, es siempre fruto del rencor, de la envidia, de los celos, de la mala leche, de la amargura. Está prohibido criticar, literalmente. Más aún si uno se gasta un estilacho fanfarrón y poco ortodoxo como el abajo firmante. Uhhh,, qué pedo guey. Decir malas palabras en un artículo constituye la máxima de las ofensas ¿Cómo pues? ¡Qué vulgaridad!. Claro, porque todos ellos son almas puras y santas, cada mañana mean agua bendita, de su boca sólo salen rosas y palomas con pedigree. Hipócritas de las mil putas, todos.      

Como en este ruedo llevo varios años ejerciendo de malo, y como además la opinión de los otros me vale un poco, como quien dice, a mi entender, la reverenda verga, me he permitido poner a su consideración una clasificación más o menos universal acerca de los distintos tipos de personalidades y de reacciones ante la crítica mordaz que pude (después de décadas de profunda investigación, clasificación, catalogación, definición y ejemplificación) sistematizar en este pequeño tractatus enciclopédico que tiene, básicamente, el fin de joder a todos los que se sientan aludidos, por putos y maracos, digo:

1) EL FUNCIONARIO PÚBLICO APRENDIZ DE DÉSPOTA CRIOLLO

El Alcalde y su séquito de bastardos, por ejemplo, tiene un ejército de inocuos nerds atorrantes que le manejan las redes sociales, Publican memes y otras cosillas saturadas de un chupapichismo que haría quedar como espirituales a los habitantes de Gomorra. Pero su función principal consiste en bloquear a quienes critican la gestión municipal, están como perras chismosas infiltrándose en todos los grupos, controlando likes, "denunciando" posts y a través de nombres y cuentas falsas, contestando e insultando a los detractores. En sus apariciones públicas, los funcionarios nunca reconocen sus faltas. El arboricida incompetente que dirige EMAVRA, por ejemplo, no es capaz de decir: "Bueno, sí, la cagué, la verdad se me fue la mano talando esos árboles, en compensación mandaré a plantar 10 más" No. El muy ingenioso le echa la culpa al sol. "No le da el sol a las plantas y por eso voa poner pasto sintético", ha declarado sonriente. Dice que los que le critican no saben nada, que hay una "intención política" en sus detractores y boludeces por el estilo y todos son así. Diputados, directores, ministros, jefes, y demás señorías. No importa de qué partido sean. Como hemos llegado a un punto en que la política y el servicio público está en manos de ambiciosos, ignorantes, politiqueros y levantamanos lameculos, la crítica para ellos es amenaza a su comodidad. O la descalifican con su paranoia infantil y pueblerina o, lo que es peor, la censuran, la persiguen, la bloquean y la condenan. Despotismo criollo radical y de tendencia clara al analfabetismo funcional.

2) EL INTELECTUAL Y/O ARTISTA CARTUCHO CON COMPLEJO DE PERSECUCIÓN

Digamos que se llama Porky. Porky publica un algo (entrevista, ensayo, columna, libro) o presenta una obra (teatro, música, literatura, pintura) Porky es feliz pues hizo su huevada y ahora la exhibe en público como quien muestra su foto de boda. Miren la zorra que me gasto, diciendo. Pero en el proceso de socialización le dicen que su ñatita no es tan linda: Que le sobra una teta, que es bizca o que le faltan tres dedos. Porky se ofende. Pero su ofensa es personal. Se abstrae de lo que dicen sobre su obra y entra en pánico. Todo se vuelve un complot contra él. El insano mundo le tiene envidia, lo están difamando, lo acosan porque claro, él es infalible, no comete errores, es Gardel. ¡Qué higos de fruta! Así, él propicia una marea de dimes y diretes, se crean bandos antagónicos, te llama su amigo para decirte ¿Cómo le vas hacer eso? Si es buenito. Porky te escribe en privado y te dice que por tu culpa su bisabuela tuvo un infarto del orto, después te amenaza. Porky te ha jurado su odio paquidermo por siempre jamás. Una frase destaca entre todos sus alegatos y es la frase más cartucha, tonta y ridícula que alguien bajo el ojo de la crítica puede proferir, no importa si se trata de Porky o de Miss Piggy. La frase, con bemoles, más o menos es así: "Gracias por ocuparte de mi, tanta bola me das". Zás. Es su paliativo ante el desastre. No sé por qué mierdas la gente cree que el silencio es el mejor desprecio, El silencio es para cobardes, la crítica es la expresión de la reflexión. Si yo critico un libro, una obra, una película, es para propiciar el debate de ideas, no porque me importe un carajo el autor de dichas cosas. Pero el criticado es un pelotudo que se toma esto de manera personal y te odia por lo que piensas como si le estuvieras cogiendo a la novia el día de la boda. Ergo, resentimiento.  "Mejor", dices, "finalmente quién putas quiere tener un amigo que se llame Porky y que publique huevadas, encima".


3) EL ACTIVISTA MONOTEMÁTICO QUE MIRA EL MUNDO A TRAVÉS DEL AGUJERO DEL ANO

Dignos de interpretación freudiana, los activistas (muchas feministas, varios tipos de ecologistas, un sin número de colectivos culturales, todos y cada uno de los troskos en particular) creen que la única verdad posible es la que le sugiere su noble causa. Desarrollan un síndrome de Estocolmo, pues son secuestrados por profetas apocalípticos de ideologías paranoicas que le ensartan un discurso redundante, apocalíptico y simplista en el agujero cular y se enamoran de eso hasta las patas. Listo, en cuanto le haces notar algo, o los cuestionas o haces una crítica, entonces eres misógino, eres reaccionario, eres un cabrón y mereces la muerte. Como varios de estos grupúsculos se han encaramado en pequeñas y grandes entidades de poder, y como estos discursos políticamente correctos están de moda, entonces les nace su pacato fascismo, su irrisorio delirio de grandeza y de control y se convierten en verdaderas apologetas de la censura y la persecución. Hay de ti que admires el bien contorneado culo de la modelo de Corimexo, por ejemplo. Para esta clase de cretinos, la crítica es la peste misma. Como sólo de eso escriben, como sólo conversan de eso, como sólo tiene ese punto de vista, cualquier atisbo de cuestionamiento o duda les hace florecer un forúnculo que los pone a cojear por el resto de su resentida y estúpida existencia.  

Hay más pero lo dejo para una segunda parte, quien sabe. Y como conozco bien algunas reacciones humanas, sé que dos cosas me van a decir. Primero, no va faltar el ingenuote bobalicón y mal formado que diga algo así como: "Sí, pero de qué sirve sólo criticar si no haces nada para cambiar las cosas" Yo, critico, pues eso es hacer mucho en un País de cómplices silencios, de media voz, de aduladores profesionales. Y segundo, me van a decir que mi crítica es dañina y destructiva y sobre todo se basa en el insulto y la grosería. Lo que es verdad, mierdas, pero eso es estilo no mas y muy efectivo, por cierto, porque escribo como hablo con mis amigos, no me averguenzo de eso ni pretendo ser un mentacato moralista, cartucho y huevonoide.¿Acaso no han leído esa noticia de que decir groserías mejora la salud? Pues bien, yo soy inmortal, hijos de puta.  

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