4 de mayo de 2017

LA INVASIÓN DE LOS ZANCUDOS



No se me pongan suspicaces ni se hagan a los del otro viernes, carnales. Todos sabemos que algo está pasando en Cochabamba y es oscuro y siniestro. Nadie quiere hablar de ello en público, pero en la clandestinidad y protegidos de las miradas vigilantes y las voces indiscretas, el manto amenazante de un peligro está en la cabeza y el corazón de todos los cochabambinos. Este fantasma es un fenómeno nuevo, nunca antes visto en nuestro Valle, una realidad ya destapada por completo que acecha vibrante con un zumbido similar a las trompetas del Apocalipsis, vuela sobre nosotros, se mete en nuestra intimidad y se alimenta de la vitalidad de nuestra esencia humana carcomiéndonos la piel y alterando los sentidos. La plaga de dios se cierne sobre las laderas del criollo Nilo que nos cobija y ha invadido el espacio público, las oficinas, los hogares, la vida toda. Estamos a merced de esos vampiros que han venido a conquistarnos y a expandir su hálito de horror hasta no dejar piedra sobre piedra intacta en esta Ciudad ya desarmada, resignada, maltrecha y desangrada. Es el Armagedón, es la Revelación de la ruina, la destrucción total. Estamos a merced de los mosquitos.

Pido acá, hermanos, no dejarse llevar por la falsa simpatía que pueda provocar el diminutivo de mosco. Los zancudos, pulgas, mosquitos o cualquier otro apelativo que puedan tener los insectos que ahora pululan en la Llajta, tienen todos el mismo proyecto: Aniquilar a la especie humana. Son todos mutantes, un ejército de criaturas diseñadas para ser invencibles y provistas de cualidades y destrezas nunca vistas ni soñadas por el bípedo racional. En primer lugar, han aumentado su rango de vuelo. Esta nueva especie de zanquilargos, llegan hasta los pisos más altos de los edificios cuando otrora eso era una mera proeza o una rareza excepcional. En segundo lugar, los bastardos penetran las telas. De nada sirve usar pantalones que te aprieten hasta los huevos o camisas cerradas hasta la quijada. Los hijos de puta se dan modos y de pronto sientes picazón en la tetilla izquierda o en la nalga derecha y no sabes cómo mierdas el bicho hizo para romper tal hermetismo y sólo concluyes que el cabrón tiene un colmillo más potente que no respeta el jean, ni el cuero ni el poliester. En tercer lugar, el invasor ha desarrollado armas químicas.

Antes, los mosquitos tradicionales te daban la ventaja de la certeza. Uno de esos kamikazes te picaba y localizabas el escozor, rascabas en el punto preciso y sanseacabó, podías concentrarte en saber donde te escocía y donde te había herido el enemigo. Hoy no. Te pican y no hay punto fijo. Te escuece en zona indefinida, no encuentras el punto exacto, el desespero te lleva a rascar diez metros a la redonda, mientras más rascas, más amplio el espectro de molestia, cuando por fin se define la cosa, tienes en tu cuerpo un punto abultado que indica la picadura y alrededor de ese punto mil quinientos arañazos, símbolo de la desesperación y el desconsuelo. Los mosquitos de hoy, putos, son la rebelión de la naturaleza, son Terminator. Antes había mosquitos, pero con un repelente, un insecticida o una malla milimétrica la amenaza dejaba de ser tal, el temor desaparecía, el problema se anulaba. Hoy no hay más condescendencia, el mosquito se hizo inmortal.

Lo peor de todo es que esta catástrofe tiene una explicación. Al parecer, según los entendidos en moscos y alimañas por el estilo, este tipo de despreciable y maligno insecto ha venido a joder a todos como consecuencia del desastre de la Laguna Alalay. Claro, como la Alcaldía no sólo propició con su ignorancia e ignominia la contaminación de la misma, sino que asesinó a los peces y a las aves por toneladas, el lugar se volvió el Edén del zancudo mutante, esos mismos foráneos africanos y selváticos que transmiten fiebres y enfermedades tropicales, acá en nuestro Valle, otrora protegido de esas bestias, que como cualquier lugar decente tenía zancudos inocuos, indefensos, putos, destruibles con cualquier spray o raqueta eléctrica. ¡Ahora no! Estamos a merced de esos cabrones, pagando las consecuencias de la estupidez humana, viviendo en carne propia la furia de la naturaleza, la venganza de dios sobre la imbecilidad. Me cago. Seguiría escribiendo pero tengo una picadura urgente en un huevo.



5 comentarios:

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  2. Sancundo!!!! Me pico uno en la corva (hueco popliteo) que difícil rascarse, si estas sentado. Ataques que unidos a la gripe nos hacen meditar sobre nuestra existencia en la tierra.

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  3. hay invasiónporque al cochabambestia le dió por matar el abitat del humilde sapito, quien se comía las larvas... rásquense llajtamasis... tenemos lo q nos merecemos!!!

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  4. Buena, pero es picadura ni cagando la rascas 10 metros a la redonda o debio ser un tradicional suerte la tuya.

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