11 de septiembre de 2017

EL SANTO COCHALO



Canonizado por Alejandro VII, forma parte del sanctorum católico el buen Ramón Nonato. Le decían "no nacido" pues su madre habia muerto antes de darle a luz y una cesárea lo trajo al mundo para cumplir la tarea de dios. Perteneció a la Orden de los Mercedarios, quienes tenían entre sus votos (y oficios), allá por 1200, rescatar a los cristianos del cautiverio de los moros. Cuando cierta vez la orden se quedó sin dinero para el rescate, San Ramón Nonato se ofeció él mismo a cambio de otro cristiano. Los moros aceptaron pero se arrepintieron después, porque el man era un p'ajpaku incansable y no paraba de predicar la palabra de dios, entonces los moros lo torturaron y... nada, siguió el blablabla, así que -emputados con ese primitivo antecedente de lo que hoy podría ser un Testigo de Jeohvá- los moros perforaron los labios de San Ramón con hierros candentes y le pusieron un candado para que de una puta vez se calle. Así es representada con frecuencia la imagen de tan elocuente santo. Con un candado en la boca.

San Ramón es santo patrono de las embarazadas y los niños recién nacidos. Tiene sus propias fiestas y devotos por todo lado, pero también es el santo de "...los que son injuriados injustamente", los calumniados. Este es el superpoder que más les gusta a los cochabambinos devotos de San Ramón Nonato, es decir su capacidad divina para evitar que los calumnien. En la Catedral de la Llajta, tiene su propio lugarcito, a un costado del Altar Mayor, ahí se lo ve todo seriecito, con candado en la boca y mano levantada esperando a sus fieles. Ellos llegan a implorarle sus favores, le piden el silencio de los otros y a cambio le regalan un primoroso candadito con listón rojo que se lo cuelgan del brazo levantado. Para el fin de semana, el brazo del santo se rompe por el peso de los candaditos de los injuriados.

Los devotos del Nonato llevan con ellos prqueños pedazos de papel cuadriculado del cuaderno de sus wawachas y escriben en ellos los favores que esperan recibir: "Por favor San Ramoncito, haz que Fulano de Tal se calle porque me puedo quedar sin trabajo" "San Ramón te elevo una oración para que hagas que Mengana no cuente nada de lo que vio" "San Ramón Nonato te pido que el Sutano no siga hablando y me deje en paz". Luego, insertan el papelito en la base de la imagen, le ponen el candadito al brazo que ya tiene múltiples fracturas y desaparecen. ¿Que cómo lo se? Pues ¿A que mierdas creen que voy a las iglesias, putos? ¿A rezar? Cochabamba, encontró en San Ramón Nonato al santo patrono más efectivo contra la más nociva de nuestras costumbres: El chisme.

Los devotos de Don Ramón, son un conglomerado multicolor y multisexual de secretarias que garchan con sus jefes, ladronzuelos de las oficinas públicas, esposos y esposas infieles, figuras públicas sometidas a la mirada general, miembros de organizaciones gremiales, funcionarios públicos en particular, docentes de las universidades, gestores culturales y artistas todos. En todo lado se cuecen habas y en todo lado el chisme es el deporte favorito de este pueblo. No hay una sola institución ni un solo gremio que no active su vida ordinaria en torno al chisme. San Ramón Nonato, en Cochabamba, de lejos es el santo que más trabajo tiene.

El precio de ser un enorme prostíbulo disfrazado de ciudad es que el chisme ha sustituido a todo lo demás. Sales a chupar... Chismes. Estás en el trufi... Chismes. Esperas tu turno en el seguro... Chismes. Que esto se de a tu alrededor y en espacios informales vaya y pase pero el chismerío forma parte de todas la actividades. Los artistas nunca hablan de arte sino de chismes, los periódicos son un conjunto de chismes mal redactados, los informativos tienen presentadores que confunden la televisión con la peluquería, en las oficinas se trabaja si es que no hay ningún chisme candente. En mi Facultad en la UMSS, la Dirección Académica crea un grupo de WhatsApp para información y debate académico y los coleguitas lo usan para chismear sobre quien no borró la pizarra o sobre cualquier otra paja de autoayuda. Obvio que uno tiene el impulso de ir ese rato a la Catedral y rezarle al santo: "San Ramón, San Ramón, silencia a ese hijo de puta y que se vuelva maricón".

La miseria del chisme genera otro vicio, otra deformación conceptual. El sentido crítico se banaliza y se confunden cosas. Cuántas veces me ha pasado que publiqué una crítica a algún artista o institución y en vez de responder con argumentos, hablan de mi que si soy ateo o que si soy misógino o que si en la U hacía misas negras y me comía niños. La Alcaldía, por ejemplo, tiene contratado a un "Community Manager" que se encarga de defender al sonrisas a plan de chismes sobre sus detractores. Toda una puta, el hombre, y encima apellida como un orgasmo a medias. Seguro los ediles y sus lloq'allas chismosos van por turnos a rezarle a San Ramón: "San Ramón Nonato, que el Basura se tropiece y se muera en el acto".

Bueno pues, por suerte, me cago en San Ramón y todos los santos.


1 comentario:

  1. ja ja ja qué divertida y genial manera de decirnos las verdades a todos los kochalas , a los chismosos y a los que toleramos todo, hasta que nos crezcan nabos en nuestras espaldas, muy buen artículo estimado Basurita

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