8 de diciembre de 2017

LAS BOLAS DEL BOLAS



Hay que tener bolas. No lo nieguen, pendejos, de verdad que hay que tener bolas para ser como el Bolas Murillo porque no cualquier persona sería capaz de gritar al mundo, como lo hizo él, que es un pelotudo. Prácticamente, la declaración del bolas tristes puede ser traducida como: "Hola, mirenme, soy prototipo de un engendro defectuoso cruce de la ignorancia y la deficiencia mental. En mi casa me llaman el tarado, de cariño. Cuando nací, en vez de llorar babeaba. No tomo helados porque me los aplasto en la frente. Cuando me preguntan mi nombre digo que me llamo Bolas, Bolas Gump. De niño jugaba con los únicos muñequitos que me entendían que eran Quasimodo y Salvatore. Soy tan bruto que cuando cago me sale materia gris". 

Que este digno representante de la política boliviana haya sido electo, en este País de mierda ya no sorprende a nadie. Lo que sorprende es su ilimitada vocación para la estulticia. Claro, porque a estas alturas del Siglo XXI, sólo un dramático caso de cretinismo severo puede llevar a un parlamentario a vociferar como una beata menopáusica, "maténse", "suicídense" refiriéndose a quienes no tienen la misma superstición que él. El Bolas parece una versión Disney de una monja medieval, ansiosa de la paloma sagrada del Espíritu Santo, que cree todavía que hay un dios y que su hijo santísimo nació sin culeo previo y por la oreja, como dijo San Agustín, a fin de que su mamá quede hecha una virgen perpetua. 

Si el Bolas Tracas se cree un parsimonioso creyente, puritano que mea agua bendita y fornica sólo para reproducir la especie, allá él. Todos son libres de ser cuán putos quieran. Pero este antropoide, es además representante de quienes lo eligieron (que se suiciden esos, del asco) y no puede mezclar sus credos con los asuntos del Estado. Mucho menos puede vomitar tantas heces verbales tan sólo porque el muy ingenuo cree que un embrión inflamado tiene conciencia, razón y sentidos, que es lo que define al ser humano. A estas alturas, su jefe el ex-cementero, debe estar arrepintiéndose de no tener un diccionario del insulto a mano el día que lo bautizó como Bolas, habiendo tanto adjetivo procaz que lo define. Como por ejemplo: tonto, imbécil, idiota, bobo, estúpido, zoquete, burro, ceporro, memo, mentecato, zopenco, inepto, majadero, palurdo, ignorante...

El único argumento que existe para seguir jodiendo con esa paja del aborto, proviene de la moral de los creyentes. La razón, el derecho y la lógica no tienen nada que ver con estas cantaletas de los retrasados hipócritas que sostienen su fe comiédose la carne y bebiéndose la sangre de su dios. Esos antropófagos y hematófagos son grandes defensores de la vida del embrión, dizqué, y el molusco del que hablamos incluso dice a las "progresistas" que no tienen derecho a matar "una vida que no es suya". Si el embrión que te crece en tu panza no es tuyo ¿De quién es? O sea ¿diosito me castigará si me reviento un puchichi del ano? ¿No tengo derecho a decidir la vida de mis forúnculos? Realmente, en este Paisito hasta para ser Bolas, hay que tener bolas y el Bolas es la prueba más clara de que, en algunos casos, el aborto debería ser obligatorio.

4 comentarios:

  1. Groseramente elocuente, despilfarras coherencia. Ojala y alguien se lo traduzca, no se vaya a sentir alagado el bolas...

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  2. ja ja ja ja entre chiste y chiste y divertidos adjetivos, dices tantas verdades sobre la hipocresía de la iglesia, cuyo digno e incoherente representante es el payaso de Murillo. Buen articulo apreciado Basura

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  3. Eso del aborto obligatorio en algunos casos me mato, muy bueno

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