22 de marzo de 2018

EL DIVERTIMENTO DEL KHAN



Dos cosas son incuestionables en estos tiempos de playlists: 1) La separación de géneros musicales que otrora le daba una ilusión de consistencia a los distintos artistas ya no va mas. Todo se mezcla y 2) El eclecticismo y a veces histérica versatilidad con que los músicos abordan diversos estilos y géneros en una sola obra. En veces, estas aptitudes posmodernas suelen engendrar colosos como Pedro Aznar y otras, las más frecuentes, dan a luz bodrios alucinantes como... Bueno, usted elija colega, vea sus playlists.

A propósito ando elucubrando sobre tales pajas pues ha llegado ante mí, un disco que se me antoja comentar. Primero, porque el autor es un carnal buena onda y segundo, porque me parece que dicho trabajo es singular -por decir lo menos- y tiene una propuesta que se desborda en rupturas con los estereotipos del estilacho al que podría ser tentador encasillarlo: La trova. En efecto, Mauricio Canedo es ya reconocido por formar parte de Quimbando, un proyecto musical con mucha repercusión en nuestro medio, dueños de un discurso mordaz e irreverente y, sobre todo, con mucho talento y virtuosismo tanto instrumental como compositivo.

Por razones ajenas a ellos, Quimbando fue encasillado como un grupo de "trova", lo cual no sólamente es inexacto sino injusto, pero son los gajes de vivir en una sociedad que le gustan las etiquetas. Calculo que será mucho más difícil hacer lo mismo con el nuevo emprendimiento del Canedito, su primer trabajo como solista, en el cual es él compositor, intérprete y arreglista y que lleva por título El Sueño del Khan. Primero hay que tomar en cuenta que se trata de una ópera prima, segundo que el autor no es un novato y tercero que la propuesta es personalísima, factor que le da al disco su mejor virtud: No busca complacer a nadie.

Lo mejor del disco es eso, en efecto, su desparpajo para saltarse las convenciones y las imposiciones del mercado. Si el Canedito deja algo bien en   claro es que le vale madre lo que pensemos de él. Así, el disco transcurre entre lo convencional, lo sorprendente y lo transgresor y es por estas razones que me atrevo a valorar la obra con el título de una de sus canciones: Divertimento. Los 9 temas que están grabados no constituyen una unidad conceptual ni estilística que apueste por las clasificaciones o la identidad, sino que son cada una una experiencia única, una diversión abarcadora, un juego de probabilidades.

Hay temas mejor logrados que otros, evidentemente. Hay canciones (las que tienen letra) de magnífica factura literaria (entiéndase metáforas bien logradas y llenas de sentido y no rimas al pedo como las del guatemalteco que conocemos). Hay una abundancia de convivencias sonoras que van del folclore a la música erudita, de la experimentación a la ¡gracias! Bossa Nova, del ligero tufo del pop hasta cierta reminiscencia ¡gracias! del rock progresivo (escúchese el tema Obstinado). Y, claro, también está presente ¡Ay, maldita sea! la influencia de Silvio y sus amigos pero, ¡gracias! por suerte apenas perceptible. En resumidas cuentas, este es un trabajo con personalidad y con ímpetu de un artista que es un outsider, pero de los honestos, no de esos mequetrefes y mequetrefas contemporáneas, sobre todo porque el Canedito, a diferencia de los otros, tiene escuela, tiene estudios, tiene creatividad, pero sobre todo tiene talento y, no menos importante, tiene la suficiente personalidad para hacer su arte a costa de divertirse y, de paso, divertirse con nosotros... el muy puto.

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